Soñé que le tiraba un beso a Cecilia y ella me devolvía dibujando un corazón en el aire

Soñé que le tiraba un beso a Cecilia y ella me devolvía dibujando un corazón en el aire 

Isabella Franco 

Saturadxs de las no-ficciones de la pornografía, pegamos la vuelta y nos preguntamos ¿qué nos trajo hasta acá? Desplazar es la acción conveniente. Muchxs decimos rest in peace binarismos, heterosexismos y misoginias, sin embargo, rara vez cambiamos las imágenes. 

Empezamos por la representación. Si la censura/prohibición del porno no llevó a ningún lado, hace varias décadas personas muy elocuentes en el otro continente se dieron cuenta que había que emerger una propuesta diferencial desde adentro. El conocido “Si no te gusta lo que hay, propone otra cosa” generó programas estéticos -pos- maravillosos de los ochenta a esta parte. 

A veces hay que eyectarse solx, (una acción anticipada, una decisión voluntaria, una ética-política), de las representaciones que no nos pertenecen. No hay cintura que aguante el sobrepeso de calimas e imaginarios pesados que hay en cualquier plataforma mainstream xxx. Desenseñar no es gratuito. El repliegue tampoco. Un Salón Nacional en el culo del mundo, donde nada importa menos, puede ser escenario posible para, por lo menos, plantear las preguntas. 

Más incómodos que eróticos, más oblicuos que cualquier paja visual capitalista, los tres dibujos presentes evocan cómo Cecilia me enseñó a coger sin siquiera haber cogido con ella.







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