Esto es muy Porter
Ya son extensos, son los calendarios tachados con fibra roja y los días de agosto traen consigo más preguntas que respuestas. Me temo que la entrada número ocho de este blog no va a ser la excepción a esta tendencia que nos dejo tecleando un poco a todxs. La publicación de Delia Cugat fue un tanto eufórica y me parece que en esta oportunidad la conversación va a ser de un color diferente, sin por ello entrar en una solemnidad agobiante porque ya de eso hay un montón y cansa. En ese sentido, me gustaría resguardar en este portal algunas breves palabras en torno a la obra gráfica de Liliana Porter y ensayar una posible reflexión acerca de la(s) condición(es) de ser extranjero hoy.
Ahora bien, ¿qué hay de sus grabados? o como ella los llama huellas dactilares. Tarde pero seguro, tercer párrafo y no hubo presentación alguna de la artista o al menos algo convencional: este blog está cada vez más errático y así lo prefiero la verdad. Liliana Porter es una artista visual argentina que reside en Nueva York desde 1964 y me apresuro a decir que estudiando su obra encuentro en ella una intención subyacente desde hace muchas décadas de querer borrar los límites entre las disciplinas plásticas.
Es alucinante pensar que cuando ella arriba al Norte en los sesenta, había Warhol por todos lados y que pronto frente a los excesos del Pop, devino aquel minimal conciso y modular para luego sentar las bases formales del inquebrantable conceptualismo del mainstream, sostenido en la pureza, el uso del texto y la desmaterialización como bandera. Porter lo vio todo; y cuando le preguntan sobre ser extranjera, sostiene que en su experiencia en aquel país se reconoce más bien como latinoamericana.
En 1965 arman con Camnitzer el New York Graphic Workshop: un taller de grabado donde dictaban clases, realizaban impresiones profesionales para otros artistas en tanto encargos pero principalmente se dedicaban (o así lo recuerdan) a realizar reflexiones críticas y analíticas sobre lo que estaban haciendo en tiempo presente. Era un espacio muy activo y visible pues invitaban a artistas compatriotas a trabajar en equipo, como por ejemplo a Marta Minujín, Jorge de la Vega y Luis Felipe Noé y por otro lado, también participaban de muchas exposiciones. El NYGW vacilaba entre la búsqueda de innovaciones técnicas intrínsecas al grabado y conversaciones entorno a la práctica contemporánea y sus implicancias en tanto imágenes portadoras de sentidos.
"La única realidad es la relación que establecemos con las cosas; somos responsables del script, el libreto está en nuestras manos" desliza la artista en algún momento en una entrevista del canal Encuentro. Es curioso que la mayoría de las imágenes recuperadas manifiestan un señalamiento, una acción de demarcar, el trazo de una línea, operatoria gráfica predilecta cuando se trata de enunciar una exclusión y al mismo tiempo una inclusión. En este punto es clave empezar a leer el desarraigo y el extrañamiento y ahora sí que es necesaria la metáfora. Néstor García Canclini y Andrea Giunta decidieron en 2009 titular una exposición Extranjerías, de la cual Porter formaba parte. La palabra no hace referencia a la acepción evidente de quien se desplaza en sentido geográfico, sino más bien de aquellas sutiles experiencias en las que nos descubrimos extranjeros. La obra gráfica de Porter insinúa una representación de la segregación simbólica. En un límite entre lo real y lo virtual, puntos y líneas sobre planos delimitan espacios posibles, un adentro y un afuera.
Como señala García Canclini en el catálogo de Extranjerías (2009), hoy en sociedades de la información hay sucesos decisivos que ocurren por fuera, por los bordes de las relaciones materiales: estamos rebalsados. Actualmente los artistas, o mejor dicho como prefiero enunciarlos trabajadores de la imagen, replican o se encuentran en sintonía con aquellos profesionales de las ciencias sociales que observan los fenómenos sociales: son muchos quienes estudian la alteridad, la interculturalidad y los discursos desviados e intentan poner en palabras o en imágenes el verbo migrar. De todas formas, estas expresiones implican redefiniciones en la función de los artistas. Más que representar un país o una lengua, estas figuras son "mezcladores": reciclan patrimonios, pertenencias, objetos que en apariencia contenían un sólo sentido y que ya no más. El hecho de que hay muchos modos de ser extranjeros radicaliza el alejamiento de las artes de la mera mímesis de lo social.
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Si la intercomunicación global hoy nos vuelve extranjeros, si escrolleamos Instagram y somos invitados o presionados a vivir en otras lenguas y en otras patrias, con todo ello me pregunto... Las escenas se reconfiguran velozmente y estos procesos de extranjeridad instauran nuevas y profundas diferencias ya no territoriales entre nativos y foráneos ¿Extranjero es solamente aquel que deviene de otra tierra y habla otra lengua? Me apresuro a esbozar que el concepto de extranjerías puede ser clave para entender los desencuentros, la asimetría y las desigualdades entre las personas, cuando cada vez es más grande el número de aquellos que no poseen acceso a las redes estratégicas, que no participan y a quienes las decisiones les son ajenas y se les deslizan por los costados.
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Bibliografía



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