Aid Herrera: la parte errada de un jardín
Que placer la experiencia sensible y pacífica que acontece al descansar sobre los jardines imaginados de Aid Herrera. Pájaros, plantas, jarrones, novias, estrellas, aljibes y flores copan los numerosos fragmentos que la artista reprodujo en xilografías y aguafuertes. A veces reunidos, otras tantas dispersos, los elementos compositivos se expresan en formas ligeras, livianas, pocas veces más corpóreas, en comunión con el paisaje que les rodea. Juego y vitalidad consignan las composiciones en las que la artista supo ajustar las técnicas materiales a la imagen deseada dando cuenta de una producción completamente personal.
Atender a sus ejercicios y sus obras conclusas nos genera cierta perspectiva sólida desde donde mirar toda la extensión de su etérea obra, que abarca numerosas pinturas y grabados desde los años sesenta hasta principio de los noventa. Pasteles y temperas completan el conjunto: el carácter común en todas estas imágenes es el placer por la naturaleza y la representación de seres expectantes en ella.
Hay un rasgo curioso y es que en los aguafuertes podemos observar la intención de conservar la parte errada, la linea desacertada, tornar visible lo inacabado y hacer productivo el gesto aleatorio. Esta decisión resulta de la acción de dibujar directamente sobre la plancha de metal, sin mediaciones, plasmando la imagen definitiva. Las pinturas y grabados de Herrera pueden ser interpretadas como sutiles propuestas cromáticas, en las que la artista elaboraba el color en cuanto a lo pictórico o bien lo utilizaba como un enérgico acento en las composiciones. En cuanto al proceso de colorear los grabados, es interesante el hecho de que estas acciones ocurrían mucho tiempo después de la impresión de la estampa, lo cual sugiere una apertura y libertad hacia la modificación de las propias imágenes. Una vez coloreadas, Aid las denominaba xilo-color o aguafuer-color.
Las primeras críticas la inscribieron entre los adeptos al "ingenuismo" plástico, un campo expresivo en el que la imagen se depura de todo detalle innecesario para brillar en su prístino valor: así afirmaba una pequeña nota en Diario La Capital en 1969 a propósito de su exposición realizada en Fanny González, Rosario. El concepto ingenuo es categóricamente problemático. Adriana Armado diría reflexivamente que éste tiene bordes lábiles. Desde aquí podemos pensar que quizás ese ingenuismo es la forma que la crítica local encontró para aludirla. Hacia 1967, Manuel Mujica Lainez describía en Argentina en el Arte vol.1 n°11 como rasgos fundamentales de la pintura ingenua (en tanto fenómeno universal) la pureza, la ausencia de conocimientos, el predominio de lo espiritual y la falta de caracteres nacionales.
Hoy, felizmente discutible, resulta más estimulante poner en tensión esta categoría y observar la obra de Aid en relación a todo su recorrido, evitar la simplificación y atender que se trata de una gráfica de fuerte entrega personal, que nos regala una visión de mundo más amable a la que estamos acostumbrados.
Su imagen del mundo, vaporosa y poética, es una construcción que descansa vacilante entre la síntesis elaborada con deliberación y rigor formal y el impulso-deseo de hacer visible percepciones y sentimientos de un sencillo bienestar. Es la curiosidad subyacente a sus impresiones de un jardín que se muestra y mutua al mismo tiempo en la estampa siguiente.
Fotografía archivo, Aid junto a su obra, 1974.
R S H C I J A E
Referencias bibliográficas
Armando, A. (2017). Un lugar en la tierra. Obras de Aid Herrera. Fundación OSDE: Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Fundación OSDE. (2017). Un lugar en la tierra. Obras de Aid Herrera. [Folleto].
Subsuelo, Galería de Arte. (2022). El libro de los pájaros. Xilografías de Aid Herrera. [Folleto].
Vignoli, B. (2 de mayo de 2017). Herrera y los jardines de la utopía. Página 12. Recuperado de https://www.pagina12.com.ar/35022-herrera-y-los-jardines-de-la-utopia

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