Mele Bruniard: Una nueva interpretación de la xilografía
¿Puede un papel cambiar el curso de los ríos?
Las tres caras del sol, 1966.
Hay un cuerpo de piezas reunidas y listas para armar un universo propio; la obra de Mele Bruniard comprende todo un inventario de símbolos que a veces nos resultan reconocibles a los ojos. ¿De dónde viene aquella familiaridad?
Para empezar, debemos señalar un componente clave en su gráfica: el recurso subyacente del llamado intertexto. Entendido como la relación visible que un primer texto establece con otros (a través de posibles procedimientos varios), podemos ver en su obra un vínculo con el entramado precolombino o con distintos mundos literarios, como el de Horacio Quiroga por ejemplo, operación que reubica a la disciplina del grabado, entendido ahora como una escritura visual, que no cesa de tender hilos hacia otras manifestaciones.
Allá va eso, 1966.
Su obra gráfica es amplia lo cual supone un desafío describir en pocas y precisas palabras dicha extensión. En un meditado intento podemos decir: Bruniard fue una artista moderna que consumó la elaboración de un lenguaje propio, una jerga que combina lo arcaico con lo local, los relatos secuenciales y la fragmentación, las líneas libres y el contiguo de formas rebosante. La construcción de las imágenes están marcadas por un itinerario en el que triunfa el recurso de síntesis, el cual demarca un ritmo compositivo lúdico, propio e identificable. Ya lejos de aquella primera función ilustrativa del grabado, en el contexto del arte argentino de los sesenta la disciplina adquiere un carácter experimental y de pensamiento en cuanto al medio, las formas y las posibilidades del material.
Damero enigmático, 1978.
Retomando la idea de la familiaridad, las imágenes de Bruniard nos remiten muchas veces a la fauna y a la flora litoraleña, elementos de nuestro hábitat cada vez más avasallado por la urbanidad y nos recuerda que aún quedan en estas series pequeños ecos de aquel paisaje hoy interrumpido. La inclusión de la palabra escrita, como una letra de coral diría Violeta, invita a mover de a poco la imaginación del espectador. Entre blancos y negros irrumpen fragmentos de sonidos impronunciables que bien podrían ser el lenguaje autóctono de sus criaturas. La obra de Bruniard recuerda a un furor constructivo pero decanta en una nueva interpretación de la xilografía: la renovación poética de una técnica sin tiempos.
Ante aquella primera pregunta, ¿puede el arte cambiar el curso de las cosas? Nos apresuraríamos si hay que contestar ya mismo. Por el momento es cómodo decir que será cuestión de revisitar, entre otras cosas, los aportes de los modernos para repensar que sucede en lo contemporáneo.
R S H
e í á
l n b
a t i
c e t
i s a
o i t
n s
e
s
Referencias bibliográficas
Mouguelar, L. (2018). Colección San Cristóbal: arte moderno argentino en el litoral. Rosario, Argentina: Espacio Multicultural.
Rojas, N. Insaurralde, N. (2012). Mele Bruniard. Rosario, Argentina: Ediciones Castagnino/Macro.
Vignoli, B. (1 de abril de 2020). El adiós a la grabadora que dibujó el edén. Página 12. Recuperado de https://www.pagina12.com.ar/256565-el-adios-a-la-grabadora-que-dibujo-el-eden



Comentarios
Publicar un comentario